Aprendí a
conocerlo, a quererlo así tal cual, a valorarlo, a contemplarlo mirando sus
ojos tratando de descifrar que era lo que sentía su alma temerosa. Ya al tanto de todo lo que tenía que saber me fui enamorando de él, de sus berrinches,
de sus enojos, de sus fruncidas de entrecejo, de sus sonrisas tímidas, de sus
bromas, de sus cariños y juegos, estoy frente a un hombre que a veces se convierte
en niño.
Cuando traté
de alejarme de él por confusiones del destino, lo intenté con todas mis fuerzas,
pero siempre había algo que me decía que algún día las cosas cambiarían y tal
vez serían distintas. Una pequeña llama
de esperanzas me mantenía viva la ilusión de poder besar sus labios una vez más,
de sentir su aroma cálido, de sentir el roce de sus manos grandes, suaves y
acogedoras, de mirar sus ojos ahogándome en un placer infinito de búsquedas
internas de incógnitas. Con el correr
del tiempo las esperanzas iban decayendo, pero de vez en cuando él hacía algo
que me inquietaban, removían la tranquilidad de mis aguas quietas y surgía en
mí nuevamente ese sentimiento de amor a ratos tormentoso. Cada lágrima que derramé por él no fue en
vano, y ahora lo sé, cada sollozo de tristeza y desgano tenía su por qué, cada
momento en que sentí unos deseos enormes de borrarlo de mi memoria marcaron
poco a poco, y sin saberlo, el amor que le tengo ahora. La paciencia que una vez pensé que había
perdido, seguía intacta en mí, sólo estaba esperando que él volviera, que
volviera para no irse más.
Aquel viaje
tanto físico como mental que emprendimos a una tierra virgen de malos momentos
fue el comienzo para un nuevo presente, cada día que desperté a su lado y pude
contemplar su rostro limpio, quieto, transparente me hizo dar cuenta que lo
que una vez sentí por él jamás había fallecido en los abismos de la
incomprensión, ahí estaba todo a flor de piel, listo y dispuesto para renacer
de las cenizas y abrirse a un nuevo fututo incierto, pero junto a él.
Ahora vivo lo
que tanto esperé, camino de su mano por un camino hermoso, no tengo miedo, no
tengo dudas, nada me inquieta, su voz me calma, sus palabras me dan aire y sus
ojos me dan paz… todo lo que pude necesitar, ahora él me lo da y no quiero que
esto cese en mucho tiempo más.