martes, 21 de agosto de 2012

Ahora ya no soy sólo yo


He entrado a una nueva etapa de mi vida junto a un ser que siempre quise, durante casi 10 meses anhelé vivir momentos así junto a él pero por diversas circunstancias de la vida no se habían podido realizar.  Hemos pasado muchas cosas juntos, discusiones, risas, llantos, alejamientos, acercamientos y sustos, en este tiempo traté de sumergirme en su interior, ese interior sellado y cauteloso que lo caracteriza, pero yo sabía que allí yacía un hombre hermoso que por cuestiones ajenas a él habían forjado una coraza difícil de penetrar. 
Aprendí a conocerlo, a quererlo así tal cual, a valorarlo, a contemplarlo mirando sus ojos tratando de descifrar que era lo que sentía su alma temerosa. Ya al tanto de todo lo que tenía que saber me fui enamorando de él, de sus berrinches, de sus enojos, de sus fruncidas de entrecejo, de sus sonrisas tímidas, de sus bromas, de sus cariños y juegos, estoy frente a un hombre que a veces se convierte en niño. 
Cuando traté de alejarme de él por confusiones del destino, lo intenté con todas mis fuerzas, pero siempre había algo que me decía que algún día las cosas cambiarían y tal vez serían distintas.  Una pequeña llama de esperanzas me mantenía viva la ilusión de poder besar sus labios una vez más, de sentir su aroma cálido, de sentir el roce de sus manos grandes, suaves y acogedoras, de mirar sus ojos ahogándome en un placer infinito de búsquedas internas de incógnitas.  Con el correr del tiempo las esperanzas iban decayendo, pero de vez en cuando él hacía algo que me inquietaban, removían la tranquilidad de mis aguas quietas y surgía en mí nuevamente ese sentimiento de amor a ratos tormentoso.  Cada lágrima que derramé por él no fue en vano, y ahora lo sé, cada sollozo de tristeza y desgano tenía su por qué, cada momento en que sentí unos deseos enormes de borrarlo de mi memoria marcaron poco a poco, y sin saberlo, el amor que le tengo ahora.  La paciencia que una vez pensé que había perdido, seguía intacta en mí, sólo estaba esperando que él volviera, que volviera para no irse más. 
Aquel viaje tanto físico como mental que emprendimos a una tierra virgen de malos momentos fue el comienzo para un nuevo presente, cada día que desperté a su lado y pude contemplar su rostro limpio, quieto, transparente me hizo dar cuenta que lo que una vez sentí por él jamás había fallecido en los abismos de la incomprensión, ahí estaba todo a flor de piel, listo y dispuesto para renacer de las cenizas y abrirse a un nuevo fututo incierto, pero junto a él.
Ahora vivo lo que tanto esperé, camino de su mano por un camino hermoso, no tengo miedo, no tengo dudas, nada me inquieta, su voz me calma, sus palabras me dan aire y sus ojos me dan paz… todo lo que pude necesitar, ahora él me lo da y no quiero que esto cese en mucho tiempo más.