jueves, 24 de abril de 2014

Son en días como hoy...

Son en días como hoy que la nostalgia se apodera de mi piel, lo recuerdo, a ratos lo necesito y me queda sólo alimentarme de los bellos recuerdos que me dejó. No todo fue tan malo, a veces pienso o me gustaría creer que sólo estamos sentados descansando en veredas diferentes.



Podríamos empacar nuestros viejos sueños y nuestras antiguas vidas, encontraremos un lugar donde el sol aún brille...

viernes, 11 de abril de 2014

Hoy, el café de la mañana tenía un sabor distinto.

Hace 14 días me había propuesto una nueva hazaña en mi vida, lloré, eliminé, bloqueé, oculté y me replanteé, no obstante sólo un pequeño gesto dio un cambio rotundo a mi cometido de ese entonces. 
Los días no pasaron en vano, me armé de valentía para continuar en lo que pensaba era lo mejor para mí, recordé, añoré, lloré. Me invadía la nostalgia, pedía con todas mis fuerzas no retroceder, y recordar el porqué de mi actuar, sin embargo, todo lo vivido aquellos días no me dieron lo que esperaba. 
 En el día número 13 de mi odisea, no sé cómo ni porqué, pero me vi de frente a él, mirándolo hacia arriba, ansiosa y nerviosa, igual o peor como en aquel primer día de nuestra historia. Sus ojos no reflejaban más que cariño reprimido, una estela de tristeza y una huella de agobiada melancolía, sus lágrimas cristalizaron esas emociones y mis manos no atinaron más que abrazarlo, desechando todo el esfuerzo de recomenzar, pero ahora sin él. 
Entre palabras, sonrisas, nostalgias, tristezas, recuerdos, caricias esquivas, miradas tímidas y besos cautelosos, algo volvió a ser como antes, no todo. La despedida se hacía eminente, al igual que el miedo, pero sencillamente no quería que esa despedida fuese con un simple "adiós", quería abrir mis ojos a medianoche y ver su rostro, quería dormir entre sus brazos como en aquél tiempo de amor incondicional. No demoramos en complacer mi "último deseo" antes de despedirnos, no quería cerrar mis ojos porque sabía que cuando los abriera ya se acabaría ese momento que me hubiese gustado prolongar eternamente, más el dulce sueño me conquistó. Hoy, el café de la mañana tenía un sabor distinto, lo compartía con él, y no sé si realmente fue una despedida, ahora sólo sé que ese algo que una vez me enamoró aún no muere, sigue en mí, y por sus palabras y su mirada, creo que en él tampoco ha muerto. 
No niego que tengo miedo, pero más miedo me da despertar en un tiempo y ver que ese día sí fue la despedida definitiva, por eso, quizás, sea sólo un "hasta pronto".  

jueves, 3 de abril de 2014

Ni una semana...

Lo sé, no puedo dar marcha atrás, sé que debo seguir con lo que me propuse por mi propio bien, no obstante cuesta, y mucho. Con el correr de los días los sentimientos de nostalgia y melancolía se apoderan de mí, no niego que de vez en cuando miro su fotografía imaginando cómo hubiese sido todo si las cosas hubieran sido distintas. Con el pasar de los días me trato de convencer de que era lo mejor, sé que debo seguir convenciéndome de lo mismo hasta que sea algo aceptado y asumido.  Ahora, sumergida en mi mundo, intento pensar menos y actuar más, sólo deseo que pase el tiempo, que el tiempo se encargue de borrar poco a poco lo que un día me hizo tan feliz.